
Qué tanto dolor se oculta tras las venas,
la basura la vemos en los ojos ajenos, no en los propios
y las palabras se estremecen como ríos de lágrimas,
un largo caudal desde tu faz hasta tus pies.
Larga es la espera cuando soñamos, y no luchamos,
no sólo los astros delimitan lo que somos.
Sólo los poetas y los locos vemos estrofas en el aire,
los músicos las notas como colores,
y los autistas el amor como un reproche.
Ni soy poeta, pero veo los versos en el aire,
ni soy músico y veo los colores que bailan con Chopin,
no soy autista, tus reproches son lo que me mantienen viva,
con energía y coherencia, pero más que eso, lo que me mantiene aquí
es el sol que brilla, la tierra que piso,
las plantas que cuido, esa natura que amo,
y ante todo el esplendor de cada amanecer, porque siempre llega,
como la brisa que viene del oriente, y roza mis mejillas con ese olor inconfundible a océano.
Ahora marco mis pies en los árboles, delineo las auroras con mis dedos,
y sonrío cada día con más alegría, porque espero el fin, el fin de esta vida
para llegar a una nueva, al renacer de las almas y conciencias, con corazón
y mente entregados al amor de la vida, al amor a natura, y mi amor a ti.
Soy un vago, peregrino, y desastroso, pero vivo,
vivo cada día porque aun me queda mucho por vivir
camino con la frente en alto, sonriendo al ayer, detallando y construyendo mi futuro con mis manos, y mi voz,
me hago escuchar a los cuatro vientos con mi canción al sol.
Sol que ayuno en mi camino, y luna que mato en mis delirios.
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