viernes, 1 de julio de 2011

Bajo el cielo florecía una rosa,

clara y suave, sin espinas,

subía por mi piel tiñendo mis rincones,

con su olor, con su esencia.

Tristemente la rosa poco a poco se marchitaba

dejaba de ser la hermosa rosa que me cubría

dejaba de ser la esencia que me enmarcaba.

Las horas continúan en el reloj que no para

la tierra gira y gira y sigo aquí, sin nada.

Cuando dejas que la rosa se ahogue desaparece

y sus pétalos, uno a uno cubren la aurora de la luna.

Hoy la luna es roja, llora sangre, sangre que no tiene.

Es mi culpa, y una ola lo calla.

Bajo el cielo floreció una espina,

recubrió los campos que alojó la rosa,

El reloj no paró, ni el mundo se inmutó,

hoy muere un fénix al fuego, renace otra flor,

otra flor que no soy yo.

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