domingo, 6 de marzo de 2011

El sabor del café.

El perfecto sabor, sí, ese sabor del café por la mañana

el éxtasis contemplado en un cuerpo pulcro, agraciado y completo;

de colinas blancas como la nieve, ocultas en un faldón.

De una profunda mirada, obscura y penetrante

El aroma de un grano un grano de café al fuego…

El rosa carmín de los perfectamente delineados labios

Bajo la sombra de una larga cabellera quebradiza.

Ese sabor penetrante de una noche de invierno,

tras el café de sus ropajes, de sus disfraces…

Entre los cafetales eternos, de pies descalzos

y pequeñas constelaciones regadas en el cuerpo.

Día a día el cuerpo dulce de un alma errante

Vagando por los cafetales.

La mirada inocente de una bella dama, que camina

Bajo el sabor amargo de un café por la mañana.

Al reencarnecer de su piel al fuego

inundando todo el cielo al atardecer.

En las colinas negras que se enmarcan sobre tu cabello

Amo el sabor de las estrellas cantando al alba

rociando de un sutil rojo carmín tus labios

y con ellos los muros de cada lado al cafetal.

Dentro de cada hora frente a la chimenea mientras te amo

Puedo oler tu esencia atándome a ella

como cada mañana al despertar entre tus brazos…

y al pasar las horas dentro el lago entregarte mi vida…

en una taza, una taza de pasión entregada a las horas

y un mañana regado de el ahora.

Solo para reencarnecer cada día sobre tus labios,

con ese amargo y dulce sabor del café.

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