El sonido penetrante del reloj me hace cuestionar mis facultades en paciencia; las horas han pasado agonizantes en ese maldito “Tic, tac” repitiéndose una tras otra, al grado de hacerme exasperar.
Los ensordecedores gritos en el corredor apresan sin cautela mi corazón, me ahogan… ¿Qué soy, quién soy?, simples incógnitas que formulo sujetando mas fuerte el tubo circular y alargado que contiene el pequeño y casi vacío suero que nuevamente gotea al son de ese maldito “Tic, tac”; quiero borrarlo erradicar ese estruendoso rechinido.
Emprendo el viaje: un pie primero. Pareciera huyen de mi, pareciera que no soy yo, los suaves crujidos de la madera me penetran, comenzando por la planta de los pies. Ahora los gritos aumentan y un pequeño humo blanco recorre la parte alta del alargado y oscuro corredor, nuevamente el ventilador rota sobre mi cabeza; otro paso y uno más el corredor parece nunca terminar.
Una pequeña refracción de luz a través de aquel pequeño agujero, ¿Qué habrá afuera? Alguna vez fui libre, como el ave viaje a lugares lejanos, altos e infinitos. El ruido sordo continua, el “Tic, tac” cada vez se va alargando mas; veo el humo desvanecerse entre mis labios, el olor a cada paso más penetrante, cada grito, grito nuevo que resuena en mis tímpanos, desgarrando las membranas de ellos, lento, lento haciendo más intensa cada reacción en mi piel.
Me inundo del penetrante olor a sangre, aquella que recorre mi rostro y enmarca mi faz, roja, pálida piel rodeada de ese maravilloso color oscuro, el “Tic, tac” resonando en mi cabeza, rojo cereza, rupturas nuevas de la crujiente madera.
Otro paso más me abre el camino a lo largo del pasillo, las luces que parpadean un poco mal iluminando mi sendero a atravesar…. nuevamente huyen, no sé si de mí, o de quien, sólo comprendo que huyen, ¿De que huyen?....
Siento como una suave caricia roza mi hombro izquierdo, brindándome una cálida sensación, Tus labios que se acercan a mi oído, envolviéndome en un mar de sensaciones confusas, el “Tic, tac” parece detenerse mientras tú me abrazas a tu cuerpo, mis ojos lentamente se cierran, siento como humedeces mi cuello paseando tu lengua sobre él; mi corazón se sobre salta y abro los ojos en el vacio corredor, que aun yace lleno de ruidos.
Y el maldito “Tic, tac” Jodida cacofonía, que me come, que me rompe, desgarrándome de adentro a afuera, mientras el viento se frena con mi rostro secando la sangre que le recorre, el crujiente piso que a cada paso pareciera avanzar conmigo, la luz que aparecía por aquel pequeño agujerito se extingue con el maldito sonido que resuena en mi cabeza, un paso más y la salida continua invisible a mis ojos, continuando el camino, el ventilador aun sobre mi cabeza, gira, gira nuevamente, su trabajo y oficio, el mío: Mirarlo.
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